CULTURA
Memorias de un cancelado en parís
Enviada A La Redaccion
La primera tarea a la que se entregó El Cancelado fue la búsqueda de un apartamento para el Embajador Álvarez Renta. Empezó así un periplo que los llevó por todos los puntos de París.
El Cancelado entró a apartamentos impresionantes, que eran presentados por vendedoras que estaban por la maceta. De no haberle servido al Embajador de guía y de traductor, jamás hubiera pisado moradas tan elegantes, tan de standing, como dicen los franceses, ni hembras tan prepotentes le hubieran dirigido la palabra ni le hubieran hecho ojos bonitos. Los precios eran proporcionales al prestigio de las viviendas.
Quien no ha vivido en París no puede sopesar el lujo que es un apartamento de trescientos metros cuadrados, fuera en estilo imperio en Passy o en estilo modernista japonés en Montmartre. Después de todo, en la capital un apartamento de tal tamaño es algo relativamente banal. Pero en París era algo sumamente extraordinario. Y sin embargo, el Embajador no mostraba ningún entusiasmo. Ninguno se acomodaba a sus gustos.
Mientras transitaban por el Boulevard des Batignolles, Álvarez Renta recibió una llamada de República Dominicana. El Cancelado no quiso ser indiscreto, pero no pudo evitar notar que Álvarez Renta se expresaba de forma más o menos críptica, como evitando ser entendido. Más adelante, cuando explotó el escándalo de Baninter que le costaría el puesto, El Cancelado comprendió que quizás Álvarez Renta se refería al tema, entonces conocido por unos pocos.
Esa noche El Cancelado sostuvo una reunión con el Embajador y con el Canciller Tolentino Dipp, en el lobby del Hotel Lutetia, uno de los más lujosos de la capital francesa.
El Canciller había ido a París para asistir a la cita que El Cancelado le había conseguido con el Secretario de Estado para la Cooperación Internacional, el cual dependía de su homólogo, el Ministro de Relaciones Exteriores francés.
Francia es, como todo el mundo sabe, uno de los países más ricos del mundo. Junto con los Estados Unidos, comparte esa vocación de faro del mundo, de líder de la democracia. No en balde París es una de las capitales con mayor número de representaciones diplomáticas en el mundo. Entre las cuales hay muchas de países del tercer mundo, que precisan justamente ayuda económica para financiar proyectos esenciales para su desarrollo. De lo anterior puede deducirse la larga lista de espera en la que debían anotarse sus funcionarios para encontrar al hombre que decidía el reparto de los fondos de ayuda franceses era enorme.
El Embajador Norman De Castro había iniciado dos años antes los trámites necesarios para encontrarlo. Con tan mala suerte que, entre los cambios en el gabinete que tuvieron lugar con la juramentación del gobierno que presidió Jean-François Raffarin en 2002, se encontraba precisamente el Secretario de Estado antes mencionado. Ministro nuevo, agenda nueva, respondió la asistente personal del funcionario. Por lo cual hubo que empezar todo el proceso de nuevo.
Todo esto recordó El Cancelado cuando Don Hugo Tolentino Dipp le pidió que cancelara la tan goloseada cita. Tal decisión no tenía sentido. O sí lo tenía. El Cancelado lo descubrió cuando leyó en la prensa digital criolla al día siguiente. El Canciller había presentado su renuncia irrevocable, en protesta por la decisión del Presidente Mejía de enviar soldados dominicanos a Irak, decisión con la cual Tolentino Dipp no estaba de acuerdo.
De todas las personalidades políticas criollas o extranjeras que El Cancelado conoció en el curso de sus funciones, el ex-Canciller Tolentino Dipp es uno de los que más admiró. Su desapego a la función que ocupaba, su voluntad firme de defender sus principios es algo rarísimo entre los políticos de todo el mundo.
El Cancelado repite aquí su teoría, muy personal: “El grado de desarrollo de una nación es directamente proporcional al número de funcionarios en ejercicio que renuncian de sus cargos”.
El Cancelado se ha devanado los sesos tratando de aumentar la exigua lista, pero, si no está equivocado, en toda la cuadragenaria democracia criolla – que sufre, es evidente, la crisis de la edad madura – sólo Tolentino Dipp, Virgilio Bello Rosa, Norman De Castro, Miguel Guerrero y Danilo Medina han renunciado a sus puestos. Que sus lectores le ayuden a refrescar la memoria.
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